5 de septiembre - 09:30h
Ponente:
Marcela Lagarde

La presentación de Marcela Lagarde se centró en los términos amor, sexualidad y poder como el conjunto básico que define la experiencia amorosa y sexual. Según su propuesta, estamos definidos por un conjunto de hechos que no alcanzamos a ver mientras los vivimos, relaciones de poder construidas por pautas patriarcales. El amor tal como está concebido hoy en buena parte del mundo occidental permite una política de control de las mujeres en la sociedad: la entrega como necesidad amorosa de las mujeres.
En las definiciones y concepciones patriarcales, el sujeto de las relaciones amorosas es el hombre. Pero eso es una categoría general y abstracta. Hoy las prácticas de algunos hombres y muchas mujeres están rompiendo los límites que marcaban una sexualidad de las mujeres “para los otros” y que concebían que:
- Las mujeres se realizan al amar. Por el contrario, las mujeres cuando no aman a otros, languidecen: no tiene a ese otro sujeto que define su experiencia, la condición de ser mujeres.
- Los hombres aman, pero sobre todo son amados, son deseados, ocupan un lugar central en la vida de quienes les aman (por el sólo hecho de ser hombres). Es una centralidad doble: en la relación con el mundo, y en su propia vida. Pueden vivir, morir por amor, pero siendo el sujeto del amor.
Las modificaciones de contenidos en esta relación se suceden con la irrupción de hombres y mujeres concretos, de carne y hueso, haciéndose un hueco con su diversidad frente a estos estereotipos normados. Hacen falta enormes experiencias vitales para transformar milimétricamente estos mandatos de género en relación al amor.
Desde el feminismo, es de gran importancia de desvelar lo enajenante que puede ser el amor como experiencia de fusión, en que se pierden los límites del yo. Como propuestas para el futuro, Marcela Lagarde propone desmontar las fantasías del enamoramiento, ya que un amor no enajenable deber partir de la mismidad, lo que implica respeto absoluto. Y respeto a la absoluta diferencia y a la semejanza más extraordinaria.

Como mujeres nos hace falta una educación amorosa que suponga amarnos a nosotras mismas. Poner nuestro yo en el centro de nuestra propia vida. Para el análisis y para la vida es necesario que pasemos del concepto de "la mujer", que es una abstracción, a de las las mujeres concretas que viven experiencias reales en su día a día.
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